Voces en EE.UU. desmontan relato nuclear y cuestionan guerra de Washington e Israel

Ex altos funcionarios y otros activos en EE.UU. desmienten la versión sobre la búsqueda de un arma nuclear por Irán y confirman la instrumentalización de la inteligencia israelí con fines militares y políticos.

ataque tanque comb aerop dubai 16marz26

Una columna de humo y fuego en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional de Dubái (DXB), en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, en el contexto de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. A manipulación de inteligencia para justificar los ataques contra Teherán ha generado un conflicto de alcances regionales, con potencial de expandirse, y que ya afecta la economía mundial. Foto: EFE.


19 de marzo de 2026 Hora: 17:05

    🔗 Comparte este artículo

  • PDF

La construcción de la narrativa sobre un supuesto programa nuclear militar de Irán ha sido central en el discurso de figuras cercanas al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y de Israel, como justificación de la ofensiva militar contra Teherán. Según esa versión, Irán estaría a punto de obtener un arma nuclear y habría planificado emplearla en un ataque, configurando una “amenaza inminente” que haría necesaria la acción preventiva.

Sin embargo, en el escenario actual, no existe información de inteligencia pública que respalde que Irán haya estado al borde de adquirir capacidad nuclear militar ni que planeara usarla primero, lo que profundiza las dudas sobre la base real de dichas acusaciones.

En una entrevista concedida al periodista estadounidense Tucker Carlson, el exdirector del Centro Nacional de Contraterrorismo de Estados Unidos, Joe Kent, descartó que Irán se encuentre o haya estado cerca de desarrollar un arma nuclear.

En ese diálogo, Carlson le preguntó de forma directa si la República Islámica estaba próxima a lograr ese tipo de capacidad militar, a lo que Kent respondió: “No, no lo estaba tres semanas atrás, cuando esto comenzó, y tampoco en junio pasado”, en referencia a la llamada Guerra de los 12 días, en la que EE.UU. e Israel bombardearon instalaciones nucleares iraníes. El exfuncionario explicó que su evaluación se basa tanto en datos de inteligencia recientes como en consideraciones de carácter religioso presentes en la estructura política iraní.

Kent recordó que desde 2004 hay una fatwa (fetua, decreto religioso) que prohíbe el desarrollo de armas nucleares en Irán, emitida por las autoridades religiosas del país y de conocimiento público.

De acuerdo con su testimonio, no hay indicios de que esa directriz haya sido desobedecida o esté próxima a ser revocada, lo que contradice la narrativa de un programa nuclear ofensivo en marcha que ha empleado Netanyahu por años y que ha apoyado Washington. La existencia prolongada de esta prohibición religiosa cuestiona la consistencia del argumento que presenta a Irán como un actor decidido a obtener, a corto plazo, un arsenal nuclear con fines militares.

En la misma entrevista, Joe Kent afirmó que “no conoce” pruebas que sostengan las afirmaciones sobre una “amenaza inminente” vinculada a armamento nuclear iraní. Además, puso en duda parte de la información transmitida por funcionarios israelíes a las autoridades estadounidenses, al señalar que “los funcionarios israelíes, algunos de inteligencia, otros del Gobierno, se acercan a los funcionarios del Gobierno de EE.UU. y les dicen todo tipo de cosas que, sabemos por nuestra inteligencia, simplemente no son ciertas”.

Estas declaraciones sugieren que ciertas evaluaciones sobre Irán habrían estado basadas en reportes que, según el propio exdirector, no resistirían una verificación rigurosa dentro de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos.

LEA TAMBIÉN:

Directora de inteligencia de EE.UU. desmiente el principal objetivo de la guerra: «Irán no estaba produciendo armas nucleares»

En paralelo a estos cuestionamientos, la directora de la Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, informó que la inteligencia estadounidense determinó que Irán no estaba reconstruyendo su poder nuclear tras los ataques de EE.UU. e Israel en 2025.

En un testimonio escrito presentado ante el Comité de Inteligencia del Senado, Gabbard explicó que, como resultado de la Operación Martillo de Medianoche, nombre dado a los bombardeos contra instalaciones nucleares iraníes en junio de 2025, “el programa de enriquecimiento nuclear de Irán fue aniquilado” y “desde entonces no se ha hecho ningún esfuerzo por intentar reconstruir su capacidad de enriquecimiento”. Esta evaluación contrasta con la idea de una carrera acelerada iraní por recuperar o ampliar su programa nuclear, que Teherán ha insistido tiene fines pacíficos.

Durante su comparecencia televisada para presentar el informe anual del departamento, Gabbard omitió leer la parte que detallaba la destrucción del programa de enriquecimiento y la ausencia de esfuerzos de reconstrucción, argumentando que decidió no mencionarla por una cuestión de tiempo.

El senador demócrata Mark Warner respondió que la funcionaria “optó por omitir las partes que contradicen a Trump”, ya que la justificación oficial de la guerra iniciada el 28 de febrero se ha centrado en impedir que Irán se haga con un arma nuclear. Esta discrepancia entre el testimonio escrito y la presentación pública alimenta el debate sobre la transparencia en la exposición de las evaluaciones de inteligencia.

En los últimos meses, Trump y altos funcionarios de su Administración han citado las “ambiciones nucleares” de Irán como razón principal para abandonar las conversaciones diplomáticas y emprender acciones militares.

Por su parte, Teherán ha negado de forma reiterada que busque armas nucleares, mientras que diversos expertos internacionales han señalado que, incluso si Irán decidiera avanzar en esa dirección, no representaría una amenaza inminente en términos de tiempos de desarrollo y despliegue.

En este contexto, la idea de “inminencia” adquiere un papel central, ya que se trata de un concepto clave tanto en el derecho internacional, que regula la legítima defensa, como en la legislación interna de Estados Unidos, que exige autorización del Congreso para campañas militares prolongadas.

La Administración estadounidense tampoco ha ofrecido una justificación única y coherente para la guerra, alternando sus argumentos entre las capacidades balísticas de Irán, su influencia regional y su historial desde la Revolución Islámica de 1979. Estas variaciones han sido interpretadas por analistas como un intento de sostener la ofensiva militar sobre múltiples ejes discursivos ante la falta de evidencias verificables de un plan nuclear ofensivo.

Aun así, las declaraciones de Kent y Gabbard introducen dudas en el relato oficial y visibilizan tensiones internas en torno a la interpretación de los datos de inteligencia.

Tras dimitir del cargo de director del Centro Nacional de Contraterrorismo y afirmar que Irán no ha estado cerca de lograr un arma nuclear debido al decreto religioso vigente desde 2004 contra el desarrollo de armas nucleares, Joe Kent señaló que la percepción de riesgo pudo haber sido moldeada con informaciones falsas proporcionadas por Israel. Esas afirmaciones apuntan a una posible brecha entre la información cruda de inteligencia y el uso político que se hace de ella en la definición de estrategias de seguridad y política exterior.

En el plano militar, la Casa Blanca ha declarado que la armada iraní está “efectivamente destruida” y su capacidad de misiles, “funcionalmente destruida”, como parte del balance de los ataques. No obstante, Tulsi Gabbard ofreció una valoración distinta al señalar, en una afirmación casi paradójica, que la estructura de poder iraní está “debilitada” por la Operación Furia Épica, pero “intacta”.

Gabbard también destacó que Irán mantiene la capacidad de atacar intereses estadounidenses en la región, lo que contrasta con el discurso triunfalista que la Administración Trump ha proyectado mientras el conflicto se prolonga.

Autor: teleSUR -asm - DE

Fuente: teleSUR y Agencias